La ortodoxia paradójica marxista
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Aún antes de la caída del muro de Berlín, los socialistas de inspiración marxista se inventaron el cuento de que una cosa es el modelo de socialismo inventado por Marx y Engels y otra, supuestamente distinta, el socialismo real implantado en la Unión Soviética y los países de su órbita, cuento con el cual pretendían disociar el pensamiento de sus aplicaciones prácticas, como si la validez y las virtudes de un pensamiento no tuvieran que demostrarse precisamente por sus aplicaciones a la realidad.
Ello explica esa soberbia estupidez dicha por Gorbachov en su libro Perestroika de que "No es al socialismo al que se deben imputar las dificultades encontradas en su desarrollo por los países socialistas." lo que, según Jean-Francoise Revel, equivale a decir que "No es al agua a la que se deben imputar los problemas de la humedad que se plantean en los países inundados". (Ref: Revel, Jean-Francoise. El conocimiento inútil. Ed. Planeta)
Lo paradójico de este asunto es que los desastres sociales resultantes del leninismo, el estalinismo, el maoísmo y el castrismo, para solo nombrar los más famosos, son el resultado de las más ortodoxas, de las más fieles aplicaciones del marxismo. No es que, como quisieran los marxistas nostálgicos, aunque las aplicaciones del socialismo marxista han sido desastrosas, la teoría es buena. No, todos los socialismos de inspiración marxista derivaron en totalitarismos porque la teoría es perversa, porque el totalitarismo es inherente al marxismo, tanto como lo es al fascismo y a los integrismos religiosos propios de las teocracias islámicas. Es este factor común ideológico y el antisemitismo que la izquierda tradicional comparte también con el fascismo, lo que explica, por ejemplo, el acercamiento de los gobiernos del SS-XXI a Irán. Ese es el punto que los marxistas, filomarxistas, neomarxistas y SS-XXI, se niegan, persistente y sistemáticamente, a reconocer.
La reciente y humillante purga de Carlos Lage y Felipe Pérez Roque en el socialismo cubano, cuya autenticidad revolucionaria ningún marxista cuestiona, demuestra, fehacientemente, que el totalitarismo es consustancial incluso a las versiones tropicales y subdesarrolladas del socialismo.
Es que los marxistas creen además que su doctrina es científica -se consideran en posesión de la ciencia de la historia- y por ello trascendental y verdadera, pero no son consecuentes con aquello que es esencial a toda ciencia: la prueba, la verificación, la contrastación con los hechos de la realidad o, más aún, la falsación que exige Kart Popper a las ciencias. Popper sostiene que el marxismo no es "... científico porque en ningún caso resulta falso. La física de Aristóteles, por ejemplo, resulta falsa cuando hay que explicar el movimiento de los planetas. Entonces aparece la teoría de la gravedad de Newton, que, sin embargo, es falsa en un universo con agujeros negros y energía negativa, de la que si da cuenta la relatividad de Einstein." (Ref: Roncagliolo, Santiago. La cuarta espada. Ed. Sudamericana)



